Muchas personas acudimos al confesionario con la certeza de que, al hacerlo, nuestros muchos pecados serán perdonados sin que tengamos que pagar nada. Precisamente por eso, hay quienes no se confiesan: desde una lógica humana, no parece “justo” que el perdón de los pecados se obtenga de forma tan sencilla. Nuestro sentido natural de justicia nos hace pensar que es “demasiado barato” que algo tan profundo como el perdón de nuestros pecados sea gratuito.

Tanta es la incredulidad ante la facilidad del perdón ofrecido en el sacramento de la confesión, que muchas personas prefieren hacer algún tipo de sacrificio extra, como si eso le diera más sentido o mérito al perdón de Dios. Bajo esa misma lógica, algunos incluso optan por creer en ideas como el karma, y tristemente se alejan del sacramento de la reconciliación pensando que, como ya han sufrido bastante, eso basta para equilibrar la balanza.

Antes de continuar, te comparto algo que ocurrió hace un tiempo en algunos desayunadores o cafeterías, donde se implementó una iniciativa llamada “el café pendiente”. Era un experimento social muy interesante: si alguien tenía un poco de dinero extra, podía dejar pagado un café para que otra persona, que no tuviera con qué pagarlo, pudiera tomarlo sin costo alguno. Las cafeterías solían poner un letrero indicando si había un café pendiente, o cualquier persona necesitada podía acercarse a preguntar. Si había uno disponible, podía disfrutarlo gratuitamente… aunque, en realidad, no era del todo gratis: alguien más ya lo había pagado antes.

Así funciona también el sacramento de la confesión. Es como un café pendiente: alguien ya pagó el precio por nosotros. Por eso, aunque para nosotros el perdón parezca gratuito, la realidad es que hubo un alto costo… que ya fue cubierto:

“eran nuestras faltas por las que era destruido; nuestros pecados, por los que era aplastado. El soportó el castigo que nos trae la paz y por sus llagas hemos sido sanados. Todos andábamos como ovejas errantes, cada cual seguía su propio camino, y se descargó sobre él la culpa de todos nosotros… él ofreció su vida como sacrificio por el pecado.” (Is 53)

El sacramento de la reconciliación nace cuando Jesús ya resucitado mostrando sus llagas les dice a sus apóstoles: “A quienes ustedes perdonen los pecados, les serán perdonados” (Jn 20,23). Es decir, el Sacramento de la reconciliación, es fruto de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo.

Así que la próxima vez que vayas a confesar tus pecados, recuerda que es gratis solo porque alguien ya pago por ti, desde la cruz “Anuló el comprobante de nuestra deuda” (Colosenses 2,14) diciendo con dolores y sufrimientos “Padre, perdónales” (Lc 23,34ª)

fuente en facebook: https://www.facebook.com/evangelizar.org ¡Ayúdanos con tu like para llegar a mas personas!

Categories:

Tags:

No responses yet

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *